
La noche es pergamino audaz
en ella quizás logre encontrar
ese suspiro que crece en el alba,
soñar rozando tus labios
es perderse en el paraíso
donde no existe tiempo
ni quiebre que rompa,
esos anhelos guardados.
Si camino con mis ojos cerrados
te siento respirar cerca de mi
delirando ese deseo, que se consume
en nuestras pieles, en nuestras almas.
Ven a mí, seamos tan sólo uno
donde no existen muros,
ni temor renuente alguno.
Liberemos en la melodía armónica
ahí todas las ansias intensas del corazón
desbordan ríos, mares, lagunas
donde habita el vaivén de nuestras figuras.
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