Temía estar solo hasta que aprendí a disfrutar de mi propia compañía... Temía fracasar y me di cuenta que es la mejor oportunidad para aprender... Temía a lo que opinaran los demás y reconocí que lo importante es mi opinión acerca de mí mismo. Temía la ingratitud y encontré que el dar era mi regalo. Temía que me rechazaran y reconocí que la mayoría de los rechazos están en mi propia exageración. Temía el dolor hasta que aprendí que yo podía retenerlo ó soltarlo. Temía a la verdad y descubrí en ella la oportunidad de liberarme. Temía a la muerte hasta que aprendí a vivir con plenitud cada instante. Temía al resentimiento hasta que me di cuenta que es a mí a quien hace daño. Temía el ridículo hasta que aprendí a reírme de mí mismo. Temía envejecer hasta que encontré que cada estación tiene su encanto. Temía al pasado hasta que reconocí que todo fue perfecto. Temía al cambio hasta que encontré que en él estaban mis tesoros del futuro. Reconoce que el temor, siempre estará para recordarte que tú sabes ser más grande que tus sombras, como muchas, muchas veces lo has sido. Pablo Ciappa 
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ola!! precioso tu articulo, me a encantado pq ademas yo oy e escrito tmb sobre el miedo. Y cuanta razon tieens, la vida ay q agarrarla como viene y tirar pa lante sin mirar atras ni a los lados, se tu misma siempre, se autentica. BSS.ISLA
Lo unico que hay que temer realmente de miedo y el temor son ellos mismos. La sobre dimension de la advertencia. Ser hipersencible a las señales naturales. Advertir sin transtornar, la advertencia nos solicita apreciar los detalles de los sucesos y resolver los instantes.
El miedo es el advenimiento de la mejoria y la adaptacion.
El miedo es mi amigo, no mi adversario.